Catadas hoy por mi santo y mi jefe Taibo, han recibido el aplauso del respetable puesto en pie. Poco saben los pobres que eran mis conejillos de indias (una vez más).
Para tres personas, las presentes, han sido tres pechugas de pollo bien limpitas (sin el “solomillo”, que queda congelado aparte para en un futuro recibir el mítico tratamiento villaroi), unos 75 gramos de queso Feta, una cucharadita rasa de orégano seco, un vaso de caldo de ave, el zumo de dos limones, la ralladura de la piel de uno de ellos, una cucharadita rasa de azúcar, otra de maicena, aceite, sal y pimienta.
Con un cuchillo bien afilado hay que convertir las pechugas en una especie de bolsas, cuidando de no romperlas. Sólo se me ha roto una. De tres. Nostamal. Las salpimentamos (ojo con la sal, que el queso ya es sabrosón de por sí), las rellenamos con el Feta desmenuzado, y si uno es muy neuras las cierra con un palillo. Técnicamente no hace falta... pero yo soy muy neuras.
Las doramos en la sartén con aceite a fuego medio del orden de cinco minutos por cada lado, y las sacamos a un plato. Añadimos a la sartén el caldo, reducimos a fuego vivo hasta que se quede en la mitad, e incorporamos la maicena disuelta en el zumo de limón, el orégano y el azúcar. Damos unas vueltas, volvemos a añadir las pechugas y dejamos hacer a fuego medio cinco minutos más. Rectificamos de sazón la salsa... y alamesa.
Seijuro Hiko — 23-07-2005 11:48:29
Noelia — 15-04-2008 22:25:19